
Su formación en restauración de materia gráfica, sus trabajos con joyería y, sobre todo, una larga carrera de experimentación y trabajo, han conformado una obra ecléctica no sólo en influencias estéticas, sino también de técnicas y materiales que hacen de las creaciones de Isabel Moltó un conjunto rico y deslumbrante. En su caso, además, la estética se vuelve ética también ya que el recurso constante a la reutilización de materiales supone un ejercicio de sostenibilidad necesario no solo en el propio proceso, sino como altavoz para una concienciación colectiva y sostenible.
En la obra que presenta en SURES junto a Anouk van de Visch, el mar Mediterráneo aparece como un telar líquido a través del que viajaron fibras, pigmentos, arcillas y símbolos. Las fibras se entrelazan como corrientes marinas, adaptándose, desplazándose, absorbiendo el tiempo; la arcilla, en cambio, fija el gesto, lo detiene en un instante que se vuelve duradero tras el paso por el fuego.

“Los textiles reunidos hablan de transmisión: manos que repiten gestos ancestrales, tramas que sostienen historias, bordados que codifican pertenencias. La cerámica guarda la memoria de la tierra y el fuego: superficies que evocan antiguos intercambios, formas que sobreviven al tiempo, esmaltes que reflejan el tránsito entre las civilizaciones del sur”.