
Ceramista artística y socióloga. Su mirada está profundamente influida por el interés en los procesos internos del ser humano y su relación con el entorno natural y la materia. Su trabajo se centra en la exploración de la geometría y las formas ancestrales, creando piezas de volúmenes contundentes, situando su obra entre lo escultórico y lo conceptual. Entiende el barro como herramienta de escucha, transformación y conexión. Cada pieza la concibe como espacio simbólico donde convergen materias, cuerpo, memoria y expansión de los territorios.
El conjunto “Arquitecturas para lo frágil” lo componen piezas cerámicas realizadas en gres y porcelana, en diálogo con estructuras metálicas que actúan como extensiones, límites y tensiones del propio cuerpo cerámico, explorando la cerámica como un cuerpo vivo, modelado por tensiones entre expansión y límite. Las formas no se entienden como estables, sino como procesos donde la grieta, la tensión y la unión revelan la fragilidad como una fuerza que transforma.

“Como en el paisaje del SUR, la obra se sitúa en un equilibrio inestable entre lo que se rompe y lo que se sostiene y permanece. Un espacio donde la fragilidad no limita, sino que activa procesos de cambio, de interrelación entre fuerzas internas y externas en constante adaptación entre lo orgánico y lo construido”.